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Un despertar viral: una carta al mundo

Queridos hermanos y hermanas de la humanidad,

Esta carta es enviada por eruditos, educadores, predicadores y pensadores musulmanes de todo el mundo. Oramos para que se encuentren con buena salud y a salvo de la COVID-19. Estamos comprometidos con la seguridad de ustedes, la felicidad y el bienestar; con ese espíritu escribimos esta carta.

Estamos en medio de una pandemia global. El coronavirus está en casi todos los países del mundo. Las personas tienen más probabilidades de morir una vez infectadas con la enfermedad que si tuvieran gripe. El miedo y la ansiedad han dominado nuestra vida cotidiana. Los países están cerrados, las escuelas están cerradas y la vida social desmantelada.

Inevitablemente muchos perderán a sus seres queridos. Muchos morirán antes de que puedan decir adiós. Muchos de nosotros han demostrado una gran compasión y unidad, independientemente de nuestras diferencias. Esta es la razón por la que creemos que, incluso en estos tiempos sin precedentes, el coronavirus puede ser vía para un despertar intelectual y espiritual. Lo que sigue son algunos puntos clave que debemos considerar.

Dependemos de Dios

 ¡Oh, gente! Ustedes son los que necesitan de Dios, mientras que Dios es el que tiene dominio absoluto y es digno de toda alabanza.

El Corán, Capítulo 35, Versículo 15

El coronavirus nos ha hecho darnos cuenta de que no somos completamente independientes. Estamos limitados y en necesidad. Nuestra existencia y nuestra capacidad de funcionar dependen de casi un número infinito de cosas; cosas que no podemos controlar y sobre las que no tenemos poder. Todas ellas dependen, en última instancia, de Dios. Ya que Dios nos creó a nosotros y a todas las cosas mencionadas anteriormente, nuestra propia existencia depende únicamente de Él. No somos completamente independientes, incluso si algunos de nosotros se engañan al pensar que sí lo somos.

“No obstante, el ser humano se excede cuando se cree autosuficiente.”

El Corán, Capítulo 96, Versículos 6 y 7

El mundo entero se ha puesto de cabeza debido a una sola cadena de ARN. Este pequeño virus que no podemos ver a simple vista, ha afectado a casi todos los países del globo. Actualmente no existe cura. Las economías están al borde del colapso y los sistemas de salud, abrumados. Las personas tienen miedo y ansiedad. A las poblaciones se les ha pedido quedarse en casa. Ninguna cantidad de dinero y poder pueden revertir lo sucedido. Esto debería enseñarnos una lección importante, especialmente a quienes son arrogantes: debemos ser humildes. Una de las mayores barreras para la guía y la misericordia divinas es el engaño en cuanto a la auto-suficiencia, que en última instancia se basa en el ego y la arrogancia.

“Ya había enviado Mensajeros anteriores a ti a otras comunidades, pero [por haberlos desmentido] las castigué con miseria y enfermedades, para que así fueran humildes.”

El Corán, Capítulo 6, Versículo 42

El coronavirus y las señales de Dios

Muchos de nosotros nunca hemos visto un virus directamente. A pesar de ser visible con un microscopio electrónico, muchos de nosotros confiamos en libros e imágenes científicas y en lo que nos dicen los expertos. Sin embargo, observamos y sentimos los efectos del virus. Esto es suficiente para que cualquiera pueda concluir que el virus existe. También actuamos y tomamos medidas para evitar que nosotros y otras personas se infecten con esta enfermedad invisible. Aplicando esto a Dios, no solo tenemos una conciencia innata de su existencia, sino que podemos observar y sentir los efectos de su realidad.

Vivimos en este universo asombroso. Esperamos, amamos, buscamos justicia y creemos en el valor de la vida humana. Razonamos, inferimos, deducimos y descubrimos. Vivimos en un vasto universo con miles de millones de planetas, estrellas y galaxias. El universo tiene leyes y constantes físicas fundamentales que, si hubieran sido ligeramente diferentes, habrían impedido el surgimiento de una vida consciente y sensible. Vivimos en un planeta con más de 6 mil idiomas y más de 8 millones de especies. Sentimos -en el fondo- lo incorrecto del mal y lo correcto del bien.

Todos estos son signos de la existencia y grandeza de Dios.

“En la creación de los cielos y de la Tierra, la sucesión de la no che y el día, el barco que surca el mar para provecho de la gente, el agua que Dios hace descender del cielo con la que da vida a la tierra árida, en la que diseminó toda clase de criaturas, y en la dirección de los vientos y el control de las nubes que están entre el cielo y la tierra, en todo ello hay signos para quienes razonan.”

El Corán, Capítulo 2, Versículo 164

Vida y muerte

El coronavirus ha sido y será responsable de muchas muertes. Hemos visto aumentar el número de víctimas mortales a un ritmo alarmante día a día. Esto ha provocado miedo y ansiedad. Pero también ha creado una ventana de oportunidad para que reflexionemos sobre la naturaleza de nuestra existencia y meditemos sobre la muerte y la vida.

“Todo ser probará el sabor de la muerte, y cada uno recibirá su recompensa íntegra el Día de la Resurrección. Quien sea salvado del Fuego e ingresado al Paraíso habrá realmente triunfado, porque la vida mundanal es solo un placer ilusorio.”

El Corán, Capítulo 3, Versículo 185

Rechazar el hecho de que nuestras vidas tengan un propósito superior, es absurdo y contraintuitivo. Somos criaturas guiadas por un objetivo. Hacemos todo con un propósito, desde cepillarnos los dientes hasta comprar un automóvil, sin embargo algunos de nosotros no creen que nuestra propia existencia tenga una razón de ser superior. Sin un propósito final no tenemos una razón real para existir, y carecemos de un significado profundo para nuestras vidas. Negar el objetivo de nuestra existencia mientras le atribuimos un propósito inventado a nuestras vidas es, por definición, autoengaño. No difiere de decir: “pretendamos tener un propósito”.

“¡Señor nuestro! No has creado todo esto sin un sentido.”

El Corán, Capítulo 3, Versículo 191

Entonces, ¿cuál es nuestro propósito?

El coronavirus nos ha hecho pensar y querer preservar las cosas que necesitamos, amamos y veneramos. Muchas de estas son las cosas que adoramos. Incluso las personas que no creen en Dios, manifiestan signos de adoración, reverencia y devoción hacia algo. El objeto que más amamos y veneramos, incluido todo aquello a lo que atribuimos poder supremo y aquello de lo que dependemos en última instancia, es esencialmente nuestro objeto de adoración. Para muchas personas esto puede incluir una ideología, un líder, un miembro de la familia y su propio ser. El politeísmo y la idolatría no son solo rezar o inclinarse físicamente frente a algo.

“Existen personas que toman en lugar de Dios a otros que consideran iguales [a Dios], y los aman como solo debe amarse a Dios; pero los creyentes aman más a Dios [de lo que éstos aman a sus divinidades]. Ya sabrán los injustos cuando vean el suplicio que les espera, que a Dios pertenece el poder absoluto y que Dios es severo en el castigo.”

El Corán, Capítulo 2, Versículo 165

Esencialmente, Dios nos está diciendo que si no lo adoramos, terminaremos adorando otra cosa. Estas cosas nos “esclavizan” y se convierten en nuestros “amos”.

“¿Acaso no reparas en aquel que sigue sus pasiones como si estas fueran una divinidad?”

El Corán, Capítulo 45, Versículo 23

Incluso quienes se consideran ateos adoran a alguien o algo, tal vez sin saberlo. Este algo bien podría ser el deseo propio. Cuando rechazamos el mensaje de Dios y nos negamos a cambiar, ya sea por arrogancia o amor por este mundo material, hemos dejado que nuestro propio deseo nos supere. Nos hemos convertido en esclavos de nuestros deseos.

Dios, que conoce todo, incluso a nosotros mismos, y que es El Más Misericordioso, nos está diciendo que Él es nuestro Señor, y que únicamente adorándolo a Él solo, nos liberaremos verdaderamente de los grilletes de las cosas que hemos tomado
como reemplazos de Él.

“No he creado a los yinn ni a los seres humanos sino para que Me adoren”.

El Corán, Capítulo 51, Versículo 56

Adorar a Dios es nuestro propósito en la vida. Dios está arraigado en nuestra naturaleza más íntima, y ​​cuando Dios nos ordena adorarlo, en realidad es una misericordia y un acto de amor. Una vez que llenamos nuestros corazones con el asombro y el amor por Dios, nos sentimos en paz, experimentamos una tranquilidad que nunca se puede expresar con palabras, y una serenidad que no es perturbada por la calamidad.

¡Oh, gente! Recuerden las bendiciones que Dios les ha concedido. ¿Acaso hay otro Creador además de Dios que los sustente de lo que hay en el cielo y en la Tierra? No hay nada ni nadie con derecho a ser adorado salvo Dios. ¿Por qué entonces se desvían?

El Corán, Capítulo 35, Versículo 3

Detener la corrupción y la injusticia

Esta pandemia no es un accidente aleatorio. Nuestras acciones individuales y colectivas son responsables de lo que sucede en nuestro planeta. La situación actual debería hacernos reflexionar sobre lo que hemos hecho, y lo que no hemos hecho, que puede haber causado esta pandemia. Dada nuestra dependencia de Dios y nuestra interconexión con otras cosas, como el entorno que nos rodea y las otras personas, deberíamos darnos cuenta de que es nuestra corrupción e injusticia lo que puede haber contribuido a esta pandemia.

“Se puede ver la devastación en la Tierra y en el mar como con secuencia de las acciones del ser humano. Han de padecer [el resultado de] lo que cometieron, quizás así recapaciten.”

El Corán, Capítulo 30, Versículo 41

La condición de nuestro planeta es tal que está a punto de ser destruido. Los asombrosos niveles de contaminación están corrompiendo y desestabilizando nuestro hogar. La injusticia y la guerra abundan. Millones de seres humanos se han convertido en refugiados, millones han sido asesinados durante conflictos en desarrollo y millones no tienen suficiente para comer y sobrevivir. Somos colectivamente responsables de no hacer lo suficiente para detener el mal, y muchos de nosotros somos directamente responsables de causarlo. Tenemos que asumir la responsabilidad y comprender que esta pandemia es una señal, un signo divino, para detener la injusticia y la corrupción en la Tierra.

“No siembren corrupción en la Tierra después de que se haya establecido en ella el orden.”

El Corán, Capítulo 7, Versículo 56

Debemos darnos cuenta de que somos cuidadores de la Tierra. Esto significa que somos responsables de mantener el equilibrio, garantizar el orden y no ser derrochadores. Las guerras injustas deben detenerse, el asesinato de personas inocentes debe cesar, las políticas económicas injustas deben ser eliminadas, los malos tratos a los animales deben terminar, el derroche y la codicia deben ser erradicados. Tenemos frente a nosotros algunas opciones: seguir la guía de Dios que restablecerá el equilibrio y el orden, o continuar con la corrupción.

De hecho, Dios no cambiará la condición de un pueblo mientras el pueblo no cambie lo que hay en sí mismo.

El Corán, Capítulo 13, Versículo 11

Confía en el digno de confianza

Esta pandemia global nos ha mantenido pegados a nuestras pantallas esperando la próxima actualización y orientación de los expertos; los virólogos, epidemiólogos y otras personas de autoridad. Confiamos en lo que tienen que decir y seguimos sus instrucciones. Sin embargo, muchos de nosotros, de hecho la mayoría, no tenemos forma de evaluar la verdad de sus declaraciones. No tenemos la formación académica ni la experiencia. Dadas nuestras limitaciones como seres humanos, simplemente no podemos saberlo todo. Confiar en el testimonio de otras personas es una parte inevitable y esencial de la vida. Ya que podemos confiar en el testimonio de algunas personas, tendría sentido confiar en alguien más confiable que las personas en las que confiamos actualmente.

“Muhammad es el Mensajero de Dios.”

El Corán, Capítulo 48, Versículo 29

El Profeta Muhammad que la paz y bendiciones de Dios sean con él reclamó la profecía hace más de 1.400 años con el siguiente mensaje, simple pero profundo: no hay nadie digno de adoración sino Dios, y el Profeta Muhammad que la paz y bendiciones de Dios sean con él es el último mensajero de Dios. Recomendamos encarecidamente estudiar la historia rigurosamente registrada de la vida del Profeta Muhammad que la paz y bendiciones de Dios sean con él, que revelará información considerable sobre la integridad de su carácter. No era un mentiroso ni estaba engañado, sino que era el último de los gloriosos Profetas y Mensajeros como Noé, Abraham, Moisés y Jesús (la paz sea con todos ellos). Todos predicaron la unicidad de Dios y la unidad de la humanidad se siente más cuando se afirma esa verdad. Estudiar la vida y la guía del profeta Muhammad que la paz y bendiciones de Dios sean con él también sacará a la luz que él fue inspirado por vía Divina, y proporcionará evidencia sustancial de que el Corán es la revelación final de Dios. A la luz de lo anterior, rechazar el mensaje del Profeta Muhammad que la paz y bendiciones de Dios sean con él sería, lógicamente, equivalente a rechazar el mensaje de los expertos que hemos estado escuchando atentamente durante esta pandemia.

El coronavirus puede llevarte al paraíso

“Él es Quien creó la muerte y la vida para probarlos y distinguir quién obra mejor”.

El Corán, Capítulo 67, Versículo 2

Dios nos creó para adorarlo, y parte de adorarlo radica en ser puestos a prueba, y aflicciones como esta pandemia global son parte de esta prueba. Pasar la prueba, al responder de una manera que sea agradable a Dios, facilita nuestra morada permanente de felicidad eterna en el Paraíso. El mundo es un escenario de pruebas y tribulaciones que actúan como mecanismo para cultivar la virtud, garantizar nuestro crecimiento moral y espiritual, y decidir quién de nosotros merece verdaderamente la felicidad eterna. Durante estos tiempos difíciles, debemos ser pacientes y valientes y mostrar compasión por las personas infectadas con el virus, ayudándoles en todo lo que podamos.

¿Acaso creen que van a entrar al Paraíso sin sufrir las mismas pruebas que quienes los precedieron? Padecieron pobreza e infortunios, y una conmoción tal que hasta el Mensajero y los creyentes que estaban con él imploraron: “¿Cuándo llegará el auxilio de Dios?” Pero el auxilio de Dios estaba cercano.

El Corán, Capítulo 2, Versículo 214

El Islam es empoderamiento. Ve el sufrimiento, el mal, el daño, el dolor y los problemas como una prueba, y ve las pruebas como signos del amor de Dios. El Profeta Muhammad que la paz y bendiciones de Dios sean con él dijo: “Cuando Dios ama a un siervo, lo prueba”. La razón por la que Dios prueba a los que ama es porque las pruebas son el camino al Paraíso, y ser admitido en el Paraíso es el resultado del amor y la misericordia divinos. Esta es la razón por la que esta prueba en particular de la COVID-19 puede ayudarnos a alcanzar el Paraíso. Sin embargo, si no podemos superar estas pruebas después de haber hecho nuestro mejor esfuerzo, la misericordia y la justicia de Dios asegurarán que seamos recompensados ​​de alguna manera, ya sea en esta vida o en la vida eterna que nos espera.

Conclusión: un despertar viral

“Pero les haré probar un castigo inmediato en esta vida antes de que los azote el castigo mayor [del Infierno], quizás así recapaciten ¿Acaso hay alguien más injusto que aquel que después de que se le recitan los versículos de Dios se aparta de ellos?.”

El Corán, Capítulo 32, Versículos 21 y 22

Esta pandemia global debería crear un despertar viral. Es hora de volver al camino de Dios. Esta prueba dada por Dios puede ser un signo de amor divino o de nuestra propia arrogancia. Si somos humildes, pacientes, esperamos la recompensa de Dios, lo adoramos sinceramente, actuamos con compasión y hacemos lo correcto, pasaremos la prueba y seremos elegibles para la dicha eterna en el Paraíso -un lugar tan maravilloso que si el que haya sufrido más en la Tierra fuera admitido por un momento, exclamaría, como el Profeta que la paz y bendiciones de Dios sean con él nos informó: “¡Nunca he sufrido!”.

La elección es nuestra. Podemos aceptar el hecho de que Dios es la única deidad digna de adoración y que el Profeta Muhammad que la paz y bendiciones de Dios sean con él es Su último mensajero, o podemos rechazar la verdad y, en virtud de eso, ir al Infierno -porque hemos elegido rechazar la guía y la misericordia de Dios. Ahora es el momento de creer y tenerlo presente:

“Sepan que a quien tenga temor de Dios, Él le dará una solución, y le dará sustento de donde no lo esperaba”.

El Corán, Capítulo 65, Versículos 2 y 3

Que Dios nos guíe y nos proteja a todos, y nos haga elegibles para Su misericordia especial.

Signatarios:

Mufti Muhmmad Taqi Usmani, vice president of Darul Uloom University Karachi, Pakistan. The most Influential Muslim in 2020 according to www.themuslim500.com.

Sheikh Dr Sharif Ibrahim Saleh Alhussaini CON, Grand Mufti of Nigeria,  Chairman, Fatawa Committee of the Supreme Council for Islamic  Affairs of Nigeria, Chairman, Assembly of Muslims in Nigeria AMIN.

Muhmmad Seydya Suliman al-Nawawi al-Shanqiti, vice president of Association of Muslim scholars.

Hussain Yee, president of Serving Mankind Association, Malaysia.

Dr. Ali Muhammad Muhammad al-Sallabi, Muslim historian and religious scholar, Libya.

Dr Zakir Naik, Founder, Peace TV Network, Malaysia.

Dr Mohd Asri bin Zainul Abidin, Mufti of Perlis, Malaysia.

Abdul Raheem Green, international preacher, UK.

Sheikh Dr AbdulHayy Yusuf, Vice president of the board of the scholars of Sudan.

Dr Muhmmad Yusri Ibrahim, Academic and researcher, Egypt.

Daei al-Islam al-Shahhal, scholar, Lebanon.

Dr Haifaa Younis, Jannah institute, St. Louis, MO, USA.

Dr. Yasir Qadhi. Dean, The Islamic Seminary of America Dallas, TX, USA.

Sheikh Shadi Alsuleiman, Chairman of Australian National Imams Council (ANIC), Australia.

Dr Muhmmad Salah, Huda TV, Egypt.

Hamza Tzortzis, author and international preacher, UK.

Dr Tawfique Chowdhury, Australia.

Sheikh Omar Suleiman, Founder & President of Yaqeen Institute for Islamic Research, USA.

Imam Said Rageah, Chairman of Journey of Faith international conference, Chairman and founder of Sakinah Foundation, Toronto Canada.

Fadel Soliman, Director of Bridges Foundation, Egypt.

Dr. Anas Altikriti, CEO and founder, The Cordoba Foundation, United Kingdom.

Sheikh Zahir Mahmood, founder and teacher at As-Suffa Institute. Birmingham, England.

Sheikh Dr Haitham al-Haddad, founder of AlMarkaz for Revival and Reform Studies, UK. 

Sheikh Mohammed Abdullah Houiyat, scholar, Germany

Dr Kamil Salah, lecturer in Islamic jurisprudence University of Jarash, Jordan.

Sheikh Ihsan Mohammed Alotibie, scholar, Jordan.

Nour al-Din Yildiz a scholar and a preacher, Turkey.

Shaykh Asrar Rashid. Founder of Hadithiyya Institute, Imam at Jamatia Islamic Centre Birmingham. Author, theologian and orator, UK.

Muhammad Idrees Zubair, former professor and member BOG of IIU, Islamabad, Pakistan.

Dr. Bachir Aissam Almorrakochi, scholar, author and the director of Irshad Academy for studies and development, Morocco.

Shaykha Dr. Tamara Gray, Executive Director, scholar and chief spirituality officer of Rabata.

Imam Siraj Wahhaj, Masjid Al Taqwa New York.

Imam Dr. Khalil Abdur-Rashid, Muslim Chaplain at Harvard University, Instructor of Muslim Studies at Harvard Divinity School & Adjunct Professor of Public Policy at Harvard Kennedy School.

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